En los medios: Revista Ñ: Borges y el arte del olvido

Hace un tiempo, traduje para El Arte en Salud, un artículo donde se anunciaba la investigación que el neurocientífico argentino Quiroga realizará con un artista plástico acerca de como vemos el arte.Hoy,  transcribo el artículo publicado esta semana en Ñ, donde el investigador habla de la aparición de su primer libro, sobre Borges, la memoria y la abstracción.

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POR Horacio Bilbao hbilbao@clarin.com

La abstracción y el olvido son temas centrales en “Funes el memorioso”, un cuento escrito por Borges en 1942, que adelantó descubrimientos de las neurociencias. El autor de “Borges y la memoria” cuenta cómo halló en la biblioteca personal del escritor pistas de su interés por los secretos del cerebro humano.

EN EL PARAISO, QUE SE LE FIGURABA COMO UNA BIBLIOTECA. Dirigió la Nacional desde 1955 hasta 1973.

 Funes el memorioso era para Borges una “larga metáfora del insomnio”.  A esa definición personal, dicha y escrita por él mismo, el tiempo le ha sumado análisis e interpretaciones desgajadas desde perspectivas infinitas. Literarias y científicas. El cuento, una de las piezas fundamentales de Ficciones,  ha sido un faro y un misterio para los acercamientos científicos al autor de El Aleph. Ejemplo de ello es Borges y la memoria, un viaje por el cerebro humano de Funes el memorioso a la neurona de Jennifer Aniston (Sudamericana), el primer libro del neurocientífico argentino Rodrigo Quian Quiroga.

Fueron muchos los que auscultaron con rigor científico a Ireneo Funes, aquel peón de campo uruguayo que tras caer de su caballo volvió en sí con la virtud o la maldición de recordarlo todo. Pero Quiroga tiene a su favor el hecho de haber descubierto la neurona de Aniston. Y no es un chiste. La linda de Aniston tal vez ni siquiera sea una borgeana de última hora, pero a los fines de esta historia, vale la asociación. Quiroga descubrió que las neuronas responden de manera abstracta, ignorando detalles. Y publicó esa celebrada investigación en la revista Nature, bajo el nombre de la actriz estadounidense. Pero rápidamente cayó en la cuenta de que en aquel cuento que leyó tantas veces en Ciencias Exactas de la UBA, Borges intuía ya algunos de los resultados de sus investigaciones. “Empecé a preguntarme cómo había arribado a esos resultados”, recordó Quiroga, que desde hace unos años vive y trabaja en Londres. Buscó información sobre los hechos y lecturas que dispararon en Borges la escritura de Funes, su interés en la memoria y el funcionamiento del cerebro.

Le escribió entonces a María Kodama y tuvo la suerte de que ella le abriera las puertas de la Fundación. “Pudo comprender dos temas fundamentales que Borges menciona en Funes…, y que son esenciales para el desarrollo de la humanidad: la abstracción y el olvido”, escribió Kodama en el prólogo del libro. Pero el libro no se centra sólo en Borges. Amparado en la biblioteca del más grande escritor argentino, Quiroga va de los griegos, Aristóteles, Platón y Plinio el Viejo, que hablaban de la memoria como el más prodigioso de los dones, a Borges, Luria y James, que desde la ficción o desde el análisis psicológico sostienen que una memoria infinita impide pensar. Es el caso de Funes.

Otra vez la metáfora del insomnio, que puede volverse una amenaza actual y masiva. Preocupado por el bombardeo informativo que impone un mundo de pantallas omnipresentes, y que podría convertirnos en los desdichados y masivos Funes del siglo XXI, Quiroga llega al presente. Un presente con preguntas filosóficas y científicas a las que la literatura no es ajena. Un presente en el que la tecnología amenaza con una vigilia sin fin.

¿Por qué eligió este acercamiento a Borges para contar una historia que es bien suya?

Estudié en Exactas, y la lectura de Borges por su relación con la ciencia, es típica. Lo primero que leí de él fue Funes el memorioso. Muchos años después, en una de mis investigaciones descubrí estas neuronas que responden a conceptos abstractos y que descartan los detalles. Hice un clic y me dije que esto era muy parecido a lo que había escrito Borges en aquél libro.

Y corrió a buscarlo…
Empecé a preguntarme cómo a Borges se le había ocurrido algo tan brillante hace 70 años. Me contacté con María Kodama, y ella me abrió las puertas de la Fundación. Hasta me impulsó a escribir este libro. Fue algo fascinante.Una historia para compartir no sólo con científicos o lectores de Borges, sino con cualquier persona interesada en saber cómo funciona el cerebro y la memoria.

¿Qué buscó y qué encontró en la biblioteca de Borges?
Fue una búsqueda personal, sobre qué y cuánto había leído de neurociencia y psicología para escribir algo tan genial como Funes… Me pasé tardes enteras allí. Borges escribía notas en la primera o última página de sus libros, marcando pasajes, a veces relacionándolos con otros libros o con sus propios cuentos. Me sorprendió ver varios libros de William James, considerado el padre de la psicología moderna. También un libro de Gustav Spiller, en el cual Borges escribió una nota relacionándolo con Funes. De hecho Spiller describe en ese libro cuánto tiempo le lleva recapitular todos los recuerdos de su vida. Pero por lejos lo que más me impactó fue cuando María me mostró el original de un cuento de Borges, Argumentum Ornitologicum, escrito de puño y letra en la primera página de un libro de Leibniz. Lo interesante es que en un apéndice de ese libro aparece el argumento ontológico de San Anselmo (una nota de Borges refiere a esta página), tal vez allí estuvo su inspiración para escribir el cuento.

Para Borges, la memoria absoluta es un problema. ¿Es esa la tesis que se ha impuesto en neurociencias?
Lo genial de Borges, también de William James, fue que él se dio cuenta de que con una memoria demasiado extraordinaria o infinita no podrías pensar, y eso es lo que él describe en Funes el memorioso. James decía que si pudieras recordar absolutamente todo estarías tan discapacitado como si no recordaras nada. Lo importante es poder olvidar.

A esa idea le contrapone los griegos: Plinio el Viejo, Platón, Aristóteles, que le daban un valor altísimo a la memoria, vital para preservar el legado y el pensamiento.
Lo de la antigüedad es sentido común. Y está dicho a cuenta gotas por Platón y por Plinio el Viejo. Para dar un discurso, todo dependía de su memoria. No tenían papel y lápiz. Por eso Plinio el Viejo, en su Naturalis Historia, citada por Borges en el cuento, habla de estos personajes con memoria extraordinaria como si fuesen héroes.

Su libro expone casos extremos. La memoria absoluta o la falta total de ella. ¿En qué lugar quedamos el resto de los mortales, que somos la mayoría?
El resto de los mortales logramos un compromiso entre ambos extremos, que es lo saludable, el delicado balance entre el recuerdo y el olvido. No queremos recordar todo, porque terminaríamos como Funes, abrumados por detalles. Tampoco queremos estar en el extremo de no recordar nada, como algunos pacientes amnésicos, porque no tendríamos conceptos que usar en nuestro pensamiento.

Eso es lo que descubrió con la neurona Jennifer Aniston, de lo que también hablaba Borges. ¿Cómo lo bajamos a tierra?
Esos experimentos se hacen en un área del hipocampo, crucial para la formación de memoria. Esto se sabe a partir del paciente de HM, personaje de la película Memento, que no tenía hipocampo y no tenía la posibilidad de generar memoria. Encontré que una de esas neuronas respondía a muchas fotos distintas de Jennifer Aniston. Escribí su nombre, lo dije y la neurona también respondió. Respondía al concepto y no a los detalles de una foto o de algo en particular. Y tiene mucho sentido, porque la generación de memorias responde a conceptos no a detalles. Si no fuera así, si recordáramos detalles, terminaríamos como Funes. En un año tal vez te acuerdes de que estuvimos en este bar tomando un café y charlando sobre Borges, pero no qué camisa llevabas puesta.

La escritura, la imprenta, y la infinidad de soportes y memorias externas que tenemos hoy, relativizaron la necesidad de guardar todo en nuestro cerebro. ¿Afecta nuestro pensamiento?
Es un arma de doble filo. Junto a Funes concluimos que para poder pensar, es necesario abstraer. Tenemos que poder olvidar los detalles irrelevantes para concentrarnos en lo esencial. Abstraer conceptos, ligarlos, jugar con ellos en nuestro pensamiento y construir así nuevas memorias personales. Internet nos permite acceder a esos detalles de una manera muy sencilla, googleándolos por ejemplo. No necesito retener esos detalles en mi cabeza, si me hacen falta, los encuentro en milisegundos. Esa es la parte buena, los detalles están a mano, me los puedo sacar de encima y concentrarme en lo esencial. Ahora bien, si nos quedamos surfeando entre un detalle y otro y no nos tomamos el tiempo para abstraer los conceptos, Internet no lo va a hacer por nosotros. El riesgo es quedarnos en un mundo de detalles.

Hasta que las máquinas logren pensar, ¿podrán?
Hay cosas que son muy humanas, como la intuición. Una máquina toma una decisión en base a reglas lógicas, a un algoritmo. Borges habla de una bandada de pájaros; no sabe cuántos son y yo tomo esa imagen. No sabemos cuántos son pero tenemos una intuición cercana, una máquina no puede decir eso, sólo puede contarlos y dar el número exacto.

¿Qué lo desvela?
Haber descubierto estas neuronas es simplemente ver la punta del iceberg. La pregunta es cómo hace el cerebro para formar memoria, cómo hacen las neuronas en el cerebro para que yo tenga conciencia de mí mismo, cómo redes de neuronas generan todo este tipo de experiencias. Estas preguntas necesitan de un desarrollo tecnológico fuerte, de muchos experimentos inteligentes.

La memoria es selectiva, y por eso del libro, recuerdo el caso de Solomon Shereshevskii, que era periodista. ¿Cómo podía ser periodista una persona que no tenía la capacidad de abstraer?
No conozco a fondo su caso, pero tal vez no era un periodista de opinión, sino un simple relator de hechos. Luria, el científico que lo investigó, dice que el editor le contaba que jamás tomó una nota. Que le daba direcciones y teléfonos y que jamás los anotaba.  No llevaba grabador, ni necesitaba tomar notas.

El verdadero Funes…
Luria cuenta que su paciente empezó a enloquecer, porque no podía olvidar. Quería sacarse las cosas de la cabeza pero las tenía tan presentes que no podía pensar.  Es muy parecido a Funes.

Quiroga Basico

Buenos Aires, 1967. Neurocientífico

Estudió física en la UBA y tiene un doctorado en matemática aplicada en la Universidad de Lübeck, Alemania. Es profesor y jefe de Bioingeniería en la Universidad de Leicester, Inglaterra, donde vive. Trabajó en el departamento de epilepsia de FLENI, en neurocirugía de la UCLA y en el Instituto Leibniz de Neurobiología, en Alemania. Sus trabajos sobre la memoria han sido publicados en los medios especializados más importantes del mundo. Su descubrimiento sobre la neurona Jennifer Aniston destacó entre las 100 historias científicas de 2005 para la revista Discover, y fue un hallazgo revolucionario para la Federación Europea de Neurociencias. Expatriado en tiempos de Menem, armó su vida en Inglaterra, pero le gustaría alternar sus trabajos entre Buenos Aires y Europa. “Borges y la memoria…” es su primer libro.

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