En los medios: 20 años de La Colifata: el arte de transformar carencia en potencia

20 años de La Colifata:
el arte de transformar carencia en potencia

 

El Citroen. El primer estudio. Casamientos. Externaciones. Radio 24 horas. Ley de medios. Manu Chao. Las réplicas en Europa. Ley de salud mental. La durísima situación ecónomica de la ONG La Colifata. De todo eso habla Alfredo Olivera, psicólogo y fundador de un emprendimiento revolucionario.

Por Mariela Fraiman

– ¿Cuáles fueron los cambios que atravesó La Colifata en estos 20 años, desde la primera grabación en cassette hasta la radio online?

– Los cambios fueron muchos. Lo que no cambió es que seguimos transmitiendo desde el patio del Borda. Transmitir desde ese lugar tuvo que ver, en un comienzo, con el hecho de no tener un espacio físico acordado dentro de la institución. Tuvieron que pasar 17 años para que, con el esfuerzo de la comunidad, conocidos y desconocidos, podamos terminar el estudio en el Borda. Entre los conocidos estuvo Oscar Ruggeri, que vio una nota sobre La Colifata (www.lacolifata.org) y nos ayudó a empezar a construirlo, y la gente de Tea, de Radio Tea, Emilio Cartoy Díaz. A partir de allí fue nuestra elección continuar, siempre que se pudiera, afuera, en los jardines. Eso permite que se acerque todo aquel que quiera; facilita mucho más el intercambio de la palabra y, además, da una sensación de libertad mucho mayor. Y el otro cambio tiene que ver con el nivel de organización alcanzado. El proyecto se fue profesionalizando: lo que comenzó como un voluntariado durante los primeros 10 años se transformó en una ONG, con todo lo que supone una ONG.

– ¿El hecho de profesionalizar el proyecto se tradujo también en mejores resultados terapéuticos?

– Cuando Colifata logró profesionalizarse se comenzó a hacer un seguimiento estadístico de nuestra intervención y se pudo comprobar que aquello que se quería alcanzar se estaba logrando: La Colifata como una herramienta potente para promover y acompañar procesos de externación. Desde 2002 hacemos un seguimiento estadístico y vemos que las personas que logran salir del hospital y continúan participando de La Colifata ONG tienen un porcentaje de reinternación mucho menor. El hospital Borda tiene un porcentaje del 40% de reinternación, que baja a menos del 10% con los externados que continúan ligados a La Colifata. Logramos algo muy difícil: la utilización de medios de comunicación como herramientas sensibles que nos permiten trazar estrategias de intervención en un campo sumamente problemático como el de la locura. Se logró un espacio de encuentro y escucha respecto de todas estas ideas que circulan o se construyen alrededor de la locura que, en general, tienden a reducirla al fenómeno de la insensatez permanente. O se hace una reducción ligada a la criminalidad, la peligrosidad u otra reducción igualmente degradante que está ligada a la creatividad, a la hiper imaginación… La creatividad o la lucidez adviene en los seres humanos en determinadas circunstancias, más allá del diagnóstico que portemos. Creo que el máximo logro de La Colifata es haber generado una práctica que trascendió la moda, la lástima y se impuso como una práctica que produce espacios de salud y ayuda a disminuir la carga estigmatizada de la sociedad. Es un espacio en el que la palabra empieza a recuperar algún tipo de sentido para quien la utiliza.

– El afuera y el adentro están más unidos gracias a La Colifata. ¿Se pudo afianzar una relación estable entre los internos, los externados y la comunidad?

– El móvil de exteriores de La Colifata era un Citroën donado por dos oyentes que nos escuchaban con Nelson Castro y que nos permitió, primero, que trasladáramos todos los equipos desde mi casa hasta el patio del Borda todos los sábados. Después se transformó en el móvil de exteriores, pintado por oyentes de la Colifata y arreglado por mecánicos oyentes que escuchaban en FM La Tribu. Entonces, la Colifata impacta en los dos campos donde reconoce problemas y hay, por suerte, centenares de ejemplos que dan cuenta de ello.

Tenemos un proyecto que hemos presentado a principios de este año y es el desarrollo de una Colifata que transmita todos los días, las 24 horas, los 365 días del año. La idea es que esas personas que van saliendo del ámbito del hospital, que van recuperando la posibilidad de vivir en comunidad de manera cada vez más digna y satisfactoria, vean en este proyecto de radio, incluso, una posibilidad de reconocimiento económico. Es pensar la radio como un instrumento de inclusión social y de reconocimiento económico. Y lo económico como parte de la inclusión social, claro está, como parte casi fundamental. La metáfora es que el río se mezcle en el mar, ir saliendo de los ámbitos clínicos para, efectivamente, poder establecer una tarea clínica eficaz: que estas personas armen equipos con gente que no tenga ningún tipo de pasado ligado a lo psiquiátrico.

Y desde la perspectiva de los derechos, Colifata logró restituir un espacio ligado al derecho a la expresión y se cristalizó, luego, en la creación de la Ley de salud mental y la Ley de medios. Dos leyes que La Colifata resume en su espíritu.

– La Colifata apoyó la Ley de servicios de comunicación audiovisual. ¿Qué cambios han notado y cuáles creen que pueden ayudarlos a estar mejor?

– La Colifata participó activamente de los debates antes de la aprobación de la ley de medios, a punto tal que fuimos oradores en la Plaza de los dos congresos el día que se aprobó. Nosotros tuvimos -y tenemos- muchas expectativas con respecto a la aplicación de la ley porque creemos que La Colifata encarna su espíritu y, además, porque tenemos proyectos muy concretos, como la radio 24 horas. Yo creo que lo difícil no es hablar; lo difícil es lograr que haya otros que tengan ganas de escuchar. Y La Colifata, no sé por qué y habiendo pasado la barrera de los 20 años, sigue generando un nivel de participación social enorme. La mayor cantidad de ideas de acción social que ha generado la Colifata es de nuestros oyentes. Entonces, cuando hablamos de una radio comunitaria, no hablamos de alta o baja potencia; estamos hablando de una concepción que tiene que ver con generar estos espacios para crear comunidad. Y crear comunidad tiene que ver con la producción de bienes culturales. En Francia existe hace muchos años una ley que es para las radios asociativas y por lo que reciben buen dinero del Estado, que viene de un impuesto que pagan las privadas. La Colifata está en un estado de desfinanciamiento total desde hace un año. Y ahora estamos en una oficina en el sector de radio; al lado está el de tele, la sala de los psicólogos y de grupo terapéutico. Acá, el año pasado, había empleados administrativos, había un responsable de gestión, uno de prensa, uno de Colifata TV. Hoy no queda ninguno porque al no tener financiamiento se fueron yendo. A los que quedamos nos sostienen la mística y las ganas, pero es una situación muy difícil. En Francia, lo que notaba era que, por ejemplo, de 9 a 10 estaba el programa de los argelinos, de 10 a 11 había un programa de hijos de desaparecidos, pero el oyente era el argelino, el otro o el otro. En políticas culturales podemos dar un paso más y eso es lo maravilloso que me parece que la gestión de este gobierno promulga o propone, que es ya no sólo acorralarse en la resistencia, sino aprovechar la gran oportunidad histórica de entender que hay un aporte particular y único de cada minoría al resto de la sociedad y que el valor no está en lo diferente, sino en la diferencia que se da en el encuentro de lo diferente. Me parece que eso es un salto cualitativo que se puede dar y eso es lo que habíamos llevado a la ponencia pública cuando se aprobó la ley de medios.

– ¿Qué sienten al saber que La Colifata es un ejemplo que se imita en muchos países?

– Sentimos orgullo. Este proyecto ha sido el primero en el mundo como radio en transmitir desde un psiquiátrico y se ha replicado en muchas partes del mundo. En Francia, en Italia, en Suecia, en Costa Rica, en México, en Uruguay, en Chile, en Polonia hay radios que se nutrieron de Colifata y, en muchos casos, nos han contratado para que desarrollemos trabajos similares allí. Es una paradoja porque no tenemos ni para pagar la luz de la sede, pero nos siguen invitando del exterior para dar charlas. De hecho, yo sobrevivo, a veces, con lo que me pagan de las capacitaciones o por conferencias que doy en el extranjero. De hecho, hace dos meses llegué de Francia y España. Nos invitaron para dar cursos de radio y discapacidad, y poder estar ahí, con el director de Radio Nacional Cantabria, sintiendo que la herramienta que desarrollamos desde aquí es útil para gente a 15.000 kilómetros, da mucha satisfacción y placer. Por otro lado, estuve en la radio Citron, que es como La Colifata parisina, y fue increíble llegar ahí. Habían preparado un programa especial para la Argentina con tango. Vos imaginate que gente con diagnósticos psiquiátricos, colifatos franceses, se pasaron no se qué tiempo buscando información sobre nosotros para recibirnos y rendirnos homenaje.

– Mucha gente conoce La Colifata, pero no todos están al tanto de las transformaciones que produjo y produce en las personas que participan del colectivo. ¿Podés contar alguna historia con nombres propios?

– En 2001 me invitaron a un congreso en Leipzig, Alemania. Era el primer congreso para la disminución del estigma y la discriminación a causa de la esquizofrenia. Nos dieron dos pasajes y uno se lo dimos a Daniel López -que ya falleció-, nacido en Galicia en la guerra civil española, un niño del ´36. Sus papás habían huido de la guerra y llegaron en barco. Daniel tuvo nueve internaciones en su vida. Lo conocimos en 1996. Se incorporó a La Colifata hablando de tango y después tuvo su espacio de deportes: era nuestro corresponsal en la cancha de Boca. Habíamos logrado que lo acreditaran, iba al palco de periodistas, hacía sus notas. Veníamos hablando con él de sus orígenes gallegos y justo nos llegó esta invitación a Alemania. Se nos ocurrió, ya que íbamos a estar en Europa, ir a Galicia. Empezamos a trabajar con la trabajadora social del servicio de Daniel y finalmente viajamos. De Leipzig conseguimos un pasaje muy barato al sur de Portugal y, en tren, atravesamos todo Portugal hasta llegar a Galicia, sin saber con qué nos íbamos a encontrar: nos podíamos encontrar con el rechazo, con la aceptación, con la indiferencia; no sabíamos. Cualquiera de todas estas era una circunstancia muy fuerte para Daniel. Fue una experiencia maravillosa porque él pudo trabajarlo antes con la asistente social, con la psicóloga, conmigo, que soy psicólogo. Además, en ese viaje en tren Daniel recuperó todo su pasado de ferroviario. Finalmente llegamos a una zona rural y el dato que teníamos era el de una prima, que nos vino a buscar a la estación y empezó a decirle a Daniel: “ahí vivía tu tío, ahí vivía tal y tal, esa es la casa de todos -y le señala el cementerio-, y aquí naciste vos”. Era una casa de piedra muy antigua de la que salió a recibirnos la tía, la hermana de la mamá. Durante una semana Daniel no quería contar que él había estado internado en un psiquiátrico. Cuando le preguntaron por mí él no quería decir que yo era un psicólogo que lo estaba acompañando y que era de una radio llamada La Colifata; decía que era un amigo y yo se lo respetaba. Había mucha diferencia de edad, era un poco raro, pero bueno, a la semana, en un almuerzo, finalmente dijo “les voy a decir la verdad” y contó su historia. En ese momento la tía se levantó para buscar no sé qué cosa y la prima le dijo “Daniel, qué te hacés tanto problema si tu tía tuvo más de un ingreso a un psiquiátrico, tu mamá la última vez que vino, en el ´54, se descompensó y estuvo un tiempo ingresada”. En ese momento Daniel se liberaba de toneladas de peso, de silencio de muchos años. Daniel se quedó un mes, solo, y yo continué el viaje porque tenía otras actividades. Lo mejor de esa experiencia es que cuando volvió Daniel empezamos a trabajar el vínculo ya no para arriba, sino para abajo, con su hija y con su nieta. Los últimos dos años de su vida pudo retomar su relación con su hija y su nieta. Una semana después de su muerte vinieron la hija y la nieta a agradecer y a hacer un duelo, pero al mismo tiempo a celebrar. Más concreto que esto no hay.

– ¿Se generaron historias de amor gracias a La Colifata?

– Sí, muchas. En un viaje que hicimos a Bariloche, un señor de apellido Sánchez y una mujer, María Rosa, ambos integrantes de La Colifata, se enamoraron. Eran los dos gente grande. Él estaba internado en ese momento y luego del viaje obtuvo el alta. Tenía un terrenito cerca de La Plata; se fueron a vivir juntos y vivieron juntos varios años hasta que él falleció. Y hay otra historia maravillosa. Nosotros tenemos una política: si nos invitan a dar conferencias o actividades en el exterior tratamos de viajar con los usuarios de La Colifata. Una vez fuimos a México con dos personas. Uno de ellos conoció a una psicopedagoga entre el público, en una conferencia, y empezó a salir con ella, porque estuvimos como 10 días allí. Se enamoraron. Después ella vino a Buenos Aires y continuó la relación hasta que decidieron casarse. Diego insistía con que se quería casar en la iglesia del Borda. Cuando el cura le preguntó por qué, Diego respondió “porque muchos de mis amigos están internados aquí y no van a poder venir”. Y en ese momento no era común. Ahora, con la nueva Ley de salud mental se promueve esta posibilidad, pero hace 10, 12 años no era así. Vinieron muchísimos oyentes con trajes porque, claro, los internos no tenían trajes y, además, se ocuparon del catering. Así que se hizo la fiesta allí. Tuvieron un hijo y Diego estuvo viviendo varios años en México.

– ¿Hubo casos de internos que no se adaptaban al grupo de La Colifata y que luego pudieron revertir la historia e integrarse al colectivo?

– Ha habido, y hay, conflictos, como en todo grupo humano. La Colifata intenta trabajar esos conflictos. Había una mujer, María, que estaba internada en el Moyano y que venía un poco de manera agresiva a decir que era una vergüenza que sólo hubiera radio en el Borda y no en el Moyano, que eso era producto del machismo. A lo largo de estos 20 años ha habido muchos intentos de hacer radio en el Moyano: el último y que funciona bien es FM Desate, a la que nosotros hemos asesorado y, cada tanto, supervisamos. En ese momento, cuando vino María, las experiencias no habían llegado a buen puerto. Entonces, los que estaban presentes la querían echar porque molestaba. En esa época La Colifata era miembro de AMARC (Asociación Mundial de Radios Comunitarias) y AMARC tenía un Departamento de la mujer que nos mandaba una correspondencia con todos los desarrollos ligados a la cuestión de género. Entonces, la intervención nuestra fue: ¿por qué echar a María si mucho de lo que está diciendo da cuenta del tipo de sociedad en la que vivimos? Y le dijimos: “señora, ¿a usted le gustaría ser la representante de La Colifata frente a AMARC? ¿Por qué no representa usted la voz de la mujer? Le ofrecemos que la correspondencia llegue a nombre suyo y que la abra usted”. Llegó la primera correspondencia a nombre de ella y, a partir de allí, empezó a integrarse de otra manera. Hay un programa en el que empieza diciendo “seamos mujeres que caminan de la mano” y nombra la palabra “hermanos”; y luego dice “a mí nunca en la vida alguien me llamó hermana y ellas así me nombran”. Y empezó a compartir sus poesías. María terminó siendo la gran poetiza de La Colifata. A ella le había tocado vivir en la calle durante mucho tiempo, soportar el abuso de género, el maltrato, el destrato. Y todo eso no le permitía generar ningún tipo de relación. Colifata no negó esa dimensión, sino que creó condiciones de contexto para que se la pudiera incluir.

– Manu Chao ha apoyado de manera constante a La Colifata. ¿Cómo surgió la relación con él y qué representa para ustedes?

– Manu Chao representa una relación de amistad y sensibilidad. Manu Chao es un artista que valora mucho el trabajo que hemos hecho todos estos años de Colifata. Nos conoció porque vio unas imágenes y escuchó unos micros. En 2004, cuando tuvimos la suerte de conocerlo en Barcelona, sabía no sólo todos los micro programas, sino que me preguntó por cada persona de carne y hueso. Además ha sido una de las personas que nos ha ayudado a sostener económicamente la ONG La Colifata: financió el 35% del presupuesto anual de 2006 y parte importante de los presupuestos de 2008 y 2009. La Colifata puede ser terapéutica porque su modo de hacer terapia, entre comillas, es muy artístico. Está el caso de Eduardo, que a través de La Colifata recuperó muchísimas dimensiones particularísimas de su historia. Él ha sido sindicalista y tiene un costado artístico muy potente y saludable. Hoy mantiene una relación con Manu Chao y ha grabado unas cosillas con él. Entonces, Manu Chao es eso, es un aliado sensible y un pilar a la hora de mantener económicamente a La Colifata.

– En los últimos meses, los medios de comunicación pusieron su atención en la falta de gas del Hospital Borda. ¿En algún momento pudieron contar en los medios la difícil situación actual de La Colifata?

– Cuando se cortó el gas en el Borda la mayoría de los medios venía a preguntarnos a nosotros. Organizamos el festival del abrigo y la gente traía cosas para que los internos la pasaran lo menos mal posible. Jauría, la banda de Ciro –ex Attaque 77– eligió entregar en La Colifata la cantidad de elementos de higiene personal que juntó en un recital. La Colifata termina siendo ese lugar al que la comunidad va para preguntar qué pasa adentro del Borda, en qué puede ayudar. Nosotros coordinamos acciones sociales para ayudar a personas que están privadas de algo tan básico como es bañarse con agua caliente, no tener frío. Estamos hablando de cosas muy terribles. Colifata tiene la ventaja de que toda su historia se hizo en el arte de transformar carencia en potencia. Es una pena porque hay niveles de profesionalización que habíamos alcanzado que sin una estructura no se sostiene. La Colifata es una ONG que con un financiamiento de 30.000 pesos por mes funcionaría muy bien. El 3 de diciembre del año pasado tuvimos la enorme alegría de ser recibidos por la presidenta Cristina Kirchner para presentarle un proyecto. Nos recibió para celebrar la promulgación de la Ley nacional de salud mental y también hablamos de la Ley de medios. De ahí salieron dos proyectos: uno que tiene que ver con que el Estado nos pueda ayudar permanentemente con el financiamiento de La Colifata, que al cumplir 20 años, quizás ya es momento de estar más tranquilos. Se supone que desde noviembre va a llegar el 20% de lo que nos dijeron, pero el problema es que ya estamos en una situación de deuda casi irremontable. Yo tenía un auto y lo tuve que vender, una compañera cobró una herencia y puso el dinero acá para pagarles a los demás. Y la segunda línea tenía que ver con la radio 24 horas. Lo que queremos es generar equipos mixtos con propuestas creativas y ágiles que den cuenta de la problemática, pero que también pueda hacer un desarrollo transversal, porque todos somos ciudadanos del planeta y, por lo tanto, importa tanto el problema del agua como el de la estigmatización. Y que la Colifata FM pueda permitir que la asociación sea autosustentable a través de pauta que ingrese, que para los integrantes de la Colifata sea un trabajo y que ganen su dinero con su esfuerzo y su trabajo. Además, tenemos un proyecto económico que es el micro emprendimiento para la marca La Colifata, cuyos principales accionistas y beneficiarios serían los usuarios. Nos gustaría tener una casa en la que funcione la radio, en la que podamos abrir un bar abierto a la comunidad y que haya un teatro para poder entrar en los circuitos culturales, que rompa la diferencia de salud mental o no salud mental. Y si fuese posible, ahí también, desarrollar talleres de capacitación para quien quiera hacer proyectos como La Colifata. Nos aprobaron el proyecto de la radio y ya empezamos a trabajar en la primera parte de la planificación. Pero también necesitamos remontar la situación economía del día a día. Lo necesitamos. Lo necesitamos y lo merecemos porque no empezamos ayer. Yo tenía 24 años cuando empecé y ahora tengo 45. Lo que hacemos es transparente y público, somos honestos, trabajamos bien y tenemos un montón de ganas de seguir existiendo. Y, realmente, necesitamos ayuda. Sería buenísimo que nos ayuden porque tenemos buenas ideas y, además, mucha experiencia.

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2 pensamientos en “En los medios: 20 años de La Colifata: el arte de transformar carencia en potencia

  1. Gracias compañeros y compañeras por la información periódica. Mis sinceros deseos de desarrollo exitoso de la propuesta. Desde auquí, Uruguay, intentamos generar, también desde hace años, propuestas integradoras y creativas. Estamos en contacto, un abrazo.

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